La historia de Pétalos – Así fue como todo empezó en el año 2012

El otro día os contaba por Instagram que mi pareja y yo celebrábamos 11 años juntos y ¡menudo éxito! Me quedé impresionada con la cantidad de mensajes de felicitación que recibimos. Nunca había publicado algo tan personal, pero creo que ya va siendo hora de superar ciertas inseguridades. Así que por primera vez me he animado a contar la historia de Pétalos, resaltando los principales obstáculos que pasamos para llegar a donde estamos ¿Te animas a conocernos un poquito mejor? 

De estudiante extranjera a trabajadora autónoma - Así fue como emprendí sin apenas darme cuenta...

Todo empezó a finales del 2011 cuando aún estaba estudiando el tercer y último año de dirección de fotografía en la Escuela de Cine del País Vasco (antes kinema). Una amiga argentina me contó que le estaban ayudando a montar una tienda de bisutería para que pudiera trabajar por su cuenta. Mis ojitos brillaron porque anteriormente ya había intentado montar un estudio de fotografía con una compañera de clase, pero fue un desastre y lo cerramos al mes siguiente. Sin embargo, aquello que me contaba Laura parecía algo más serio porque te ayudaban desde una organización dar vida un proyecto… Estaba tan ilusionada que al día siguiente hice pira de clase y seguí los mismos pasos de mi amiga:

Fui a la cámara de comercio para saber cómo podría hacer para montar mi estudio de fotos y tener un trabajo relacionado con lo que estaba estudiando. Lo que no sabía, era que me iban a tomar en serio siendo tan joven.

Resulta que tenían un proyecto subvencionado para fomentar el auto empleo, algo muy innovador en aquellos tiempos de crisis económica. De pronto me asignaron a una asesoría para el estudio de viabilidad y el trámite de todas las gestiones para la puesta en marcha del «negocio», incluyendo la concesión de un préstamo bancario. En tan solo unos pocos meses ¡la magia estaba hecha! Ya era autónoma, tenía mi tan soñado estudio y por supuesto que una deuda a largo plazo que no sabía como pagarla… Fue un momento bonito de grandes ilusiones, pero también de mucha inconsciencia porque en mi cabeza solo veía un estudio y no un negocio. La verdad es que ¡no sabía ni por donde me daba el aire! 

¿Y ahora qué?  Elaboré unos folletos, un logo y aprendí a crear páginas web. Tenía mucha capacidad de aprendizaje y daba lo mejor de mi en todo, lo único que me faltaba por supuesto eran los clientes…Finalmente, solo entendí que tenía un negocio cuando los recibos devueltos empezaron a tocar la puerta. Desde entonces mi vida cambió porque tuve que aprender a lidiar con el estrés y todos los desafíos que conlleva la vida autónoma.

Y solo por contextualizaros un poco más: En aquel momento estábamos en abril del 2012, yo tenía 20 años de edad y llevaba 3 años viviendo sola en España. Aunque se me entendía bien al hablar, todavía no controlaba del todo el idioma.

El primer estudio y los primeros clientes

Mi primer estudio fue en una oficina en el barrio Zabalburu – Bilbao. Por dentro era un espacio muy mono, pero el problema es que no tenía visibilidad. Cuando ya no sabía qué hacer para conseguir clientes y poder pagar los gastos del estudio, se me ocurrió escribir a Groupon que cuando aquello estaba en auge. Rápidamente apareció una comercial y me hizo firmar un contrato diciendo que autorizaba la venta de mis reportajes a 49€, aceptando expresamente que ellos se quedarían con una comisión del 50%+ IVA por cada servicio vendido. Me aseguró que iba a vender mucho. Y nada más lejos de la realidad, vendí los primeros 100 reportajes en tan solo unas pocas horas.

No voy a hablar de las condiciones abusivas ni de la falta de respeto hacía el pequeño comercio por parte de estás páginas de ofertas,  pero sí de todo lo que me llevé de esta primera etapa vendiendo bonos de Groupon; Aprendizaje y experiencia. Lo recuerdo como una inversión en mi misma, en la experiencia laboral que no tenía en aquel momento y que necesitaba adquirirla de una forma.

El Segundo estudio fue un gran error

Después de unos años viviendo en el centro de Bilbao, nos trasladábamos a Barakaldo ¡vida nueva, local nuevo! Era el momento perfecto para poner el estudio a pie de calle… Aunque en el barrio habían muchas opciones de locales, me obsesioné por un agujero sin fondo. Era una lonja que llevaba más de 14 años cerrada y requería mucha reforma. Podría haber estado bien, pero desde el principio fue mal porque no supe negociar el precio del alquiler ni las condiciones del contrato. 

Había que hacer tantas cosas para acondicionar el local que mi pareja decidió meterse en el berenjenal. Y claro ¡todo era do It Yourself! Yo me ponía el chándal cuando venía de clase y José cuando venía de trabajar. Así durante 6 meses (que se dice pronto). Me he hecho una experta enmasillando y lijando las juntas del pladur y José en todo lo demás. Lo más triste fue que él se lesionó la rodilla (y de por vida) trabajando allí. Se me rompe el alma cada vez que lo pienso… 

Pese a todos los inconvenientes hicimos una buena reforma y el estudio quedó bonito. Aunque decidí tirar la toalla al cumplir los tres años de contrato en el año 2018 porque, pese a todo el esfuerzo, aquel local no estaba destinado para Pétalos… Lo bueno es que todo esfuerzo tiene su recompensa y de errores se aprende ¡y mucho!. Hay que saber perdonarse. Os comparto fotos del antes y después de nuestra super obra:

A finales del 2018 escrituramos un sueño

En el verano de ese mismo año una clienta con el “perdón de la sinceridad” me dijo que mi trabajo era muy bonito, pero que en aquel “cuchitril” de local sin escaparate nadie me vería. Cecilia no se arreglaba bien con internet pero había dedicado muchos años al mercado inmobiliario e insistió muchísimo que en el barrio había mejores opciones (llegaba incluso a llamarme cada poco tiempo para hablarme de locales). Entonces pensé: «¿Por qué no volver a empezar? Ahora que tengo más experiencia, más clientes y estoy cerca de los 30 quizás sea un buen momento para dar el paso».

Fue entonces cuando me enamoré de uno de los locales que me había dicho Cecilia que y seis meses después, tras extensas y agotadoras negociaciones ¡lo conseguimos!. Por supuesto que junto con este local, nacen también una serie de incertidumbres y problemas. Al final grandes pasos conllevan grandes responsabilidades. Es una nueva etapa en nuestras vidas y aún nos queda mucho por aprender. Pero la verdad es que independiente todo, seguiré trabajando con mucha ilusión y muy comprometida en dar lo mejor en cada reportaje, porque esto sin duda ha sido lo que me ha funcionado para superar todos los obstáculos a los que me he enfrentado para lograr convertir mi pasión en mi profesión.

**Y solo para que conste, mi pareja no es fotógrafo, no sabe nada de emprendimiento/negocios ni tampoco se dedica al mundo de la reforma…Y aun teniendo su trabajo por cuenta ajena, desde siempre ha sido parte de la lucha de cada día para que Pétalos sobreviva y prospere. Nunca ha sido fácil, ni nunca ha sido suerte. Lo que ves hoy, no es más que el reflejo de muchos años de sacrificios, dedicación y principalmente de una manera muy apasionada de trabajar.

Os comparto fotos de mi estudio actual. Este nos resultó mucho más fácil acondicionar y también lo hicimos todo con nuestras manos.

Más cosas interesantes que hecho en estos últimos 9 años además de dedicarme profesionalmente a la fotografía infantil

– Me saque una carrera en gestión y marketing empresarial (2014-2018). Hecho lo posible y lo imposible, destinando cada céntimo de lo que ganaba además de involucrar a toda mi familia, para formarme en CamaraBilbao Business University School, la misma organización que me dió una oportunidad cuando estaba empezando. Sin formación jamás hubiera podido avanzar tanto.

– He llegado a compaginar la universidad, el estudio y un trabajo por cuenta ajena en una gran organización.  También presté servicios como autónoma a otras empresas y emprendedores. Todo lo que generaba lo reinvertía en Pétalos.

– Emprendí un nuevo proyecto que se llama Pétalos Print: www.petalosprint.com . Llevaba un par de años con la idea y con el confinamiento, sin poder hacer sesiones, vi la oportunidad de llevarlo a cabo. 

– He realizado más de un millar de reportajes y, aunque haya sufrido muchos tipos de prejuicios por ser «inmigrante», puedo afirmar que la inmensa mayoría de ellos han sido gente maravillosa.

Y antes de terminar este post, os muestro el verdadero inicio de todo: En la primera foto soy yo estrenando mi primera cámara réflex en el espejo de casa, aún con el uniforme del cole en el año 2007. Cuando aquello iba a a primer de bachiller en Salesianos, en Salvador de Bahía ciudad donde crecí en Brasil. En la segunda soy yo en mi estudio actual 14 años más tarde. Con este post quiero compartirte que todo en esta vida empieza con un sueño. Nunca dejes de soñar.